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1993 fue el año en que la texana Selena ganaba un Grammy por Amor prohibido. Su frescura, sus pronunciadas caderas, su poderosa voz y lo guapachoso de su música se convirtieron en un fenómeno que trascendió y creció como espuma tras su asesinato en 1995. Sin ser “latina”, es considerada la tercera latina más importante de la música (atrás de Gloria Estefan y Shakira).

Jennifer Lopez fue una de las grandes beneficiadas tras la extinción de Selena, pues el anuncio y el estreno de su película de culto (no, no estamos hablando de la inentendible cosa esa “The Cell”, sino en la que interpreta a la reina del Tex-mex), película que suscitó una conmoción mediática, película de factura bastante pobre pero sin duda muy emotiva; una oda y un himno al “sí se puede chavas”.

(Paréntesis para preguntarles si se acuerdan de la escena del caballo)

La vida de Selena y su muerte a los veintitrés años es una de las grandes cosas que le pasó a la década en la que Madonna cimbraba a los conservadores con ese disco llamado Erótica, sacado en 1992 y que abonó a una sexualidad más abierta en los medios, sin duda muy contrastante con lo que la texana estaba haciendo. Mientras el disco de Madonna hablaba sobre sexo oral, Selena cantaba sobre “el chico del apartamento 512”, nos electrocutaba con su “tecno cumbia” y hacía enojar a los marxistas con su interpretación de las clases sociales (porque los Quintanilla mascaban como “distintas sociedades”) en “Amor prohibido”.

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En fin, no se puede entender la década noventera sin el fenómeno Selena.

[ Ugo ] @UgoSinH

>> Mientras el disco de Madonna hablaba sobre sexo oral, Selena cantaba sobre “el chico del apartamento 512”, nos electrocutaba con su “tecno cumbia” y hacía enojar a los marxistas con su interpretación de las clases sociales. <<